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Una vida con significado

Realice su potencial eterno cada dia

Una vida con significado
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Aprenda 5 pasos sencillos para vivir cada día
el propósito que Dios le ha encomendado


¿Ansía usted vivir una vida con significado?


Muchas personas luchan por encontrar un sentido a su vida. Si usted es uno de ellos, Jim Graff lo entiende. En Una vida con significado, Graff da a conocer cinco claves que le darán los recursos y la motivación para desarrollar su potencial como persona. Usted puede apoderarse de una vida con significado y vivirla en toda su plenitud a través de:

El desarrollo de la confianza
El fortalecimiento del carácter
La concentración en la voluntad de Dios
La cooperación con Dios (y con otros) en la realización de los designios de Dios
La participación en la comunidad

Descubra la importancia y el impacto de estos cinco principios en su vida aprendiendo a vivir en sintonía con el singular propósito que Dios le ha legado. Aprenda a vivir según los anhelos de su corazón. Una vida con significado le ayudará a convertirse en dueño de su propio valor —un valor que Dios le otorgó con su bendición—, y a vivir una vida plena de sentido. El resultado será una transformación asombrosa. . . no sólo en su vida sino en su actitud hacia la vida.


From the Trade Paperback edition.
Knopf Doubleday Publishing Group; March 2009
288 pages; ISBN 9780307498472
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Excerpt
Capítulo 1

La confianza para soñar

Como pastor, a menudo tengo el privilegio de estar presente en la habitación cuando una persona fallece y pasa a una nueva vida. He compartido estos momentos de intimidad con ancianos y con aquellos que consideraríamos demasiado jóvenes para morir, con hombres y mujeres, con quienes dejan herencias de millones de dólares y con los que apenas tienen suficiente dinero para salir adelante. En todos los casos, la experiencia me ha permitido constatar que las personas en su lecho de muerte no manifiestan el deseo de haber dedicado más horas al trabajo. Sin embargo, mi encuentro con un señor de edad, al que llamaré Bill, me hizo reflexionar más profundamente sobre esta verdad.

Bill había vivido una vida que cualquiera de nosotros consideraría significativa. Era cristiano de por siempre y llevaba cuarenta años casado; era un padre y abuelo abnegado, un hombre de exitosos negocios y un líder en nuestra comunidad. Sin embargo, a medida que el cáncer lo consumía, Bill comenzó a preguntarse por lo que había hecho con su vida y las decisiones que había tomado a lo largo del camino. Durante una de nuestras conversaciones, cerca del final, Bill me dijo: “Desde luego, no quisiera haber trabajado más en esta vida, pero sí haber tenido la confianza para trabajar con más ahínco en pos de las cosas que más importan”.

Le pedí que se explicara.

—Cuando crecí —me dijo— había mucha incertidumbre en el mundo. No teníamos la libertad para descubrir quiénes éramos ni qué queríamos hacer. Hacíamos lo necesario, lo que se esperaba de nosotros. —Bill se explayó y me describió su pasión por el béisbol, pasión que los dos compartíamos, y me contó cómo su padre había hecho trizas sus sueños de llegar a ser jugador profesional—. No me habría importado no jugar en las grandes ligas —concluyó—. Pero me habría gustado tener la confianza para intentarlo. —Antes de seguir, hizo una pausa—. Si algo he hecho por mis hijos y nietos, espero que haya sido darles la seguridad en sí mismos para que estén dispuestos a correr riesgos.

Mi encuentro con Bill me hizo pensar en mi propia infancia y en cómo mis padres me estimularon y me permitieron correr riesgos. Y, desde luego, me quedé con la misma convicción que había expresado Bill, esperando que pudiera despertar en mis hijos el mismo tipo de seguridad, el tipo de chispa necesaria para iluminar sus sueños. También me obligó a pensar en el papel que desempeña la confianza cuando se trata de vivir una vida con significado.

La falsa confianza

Quizá el lector se sorprenda porque indaguemos en la vida con significado empezando por el tema de la confianza, una virtud que normalmente se adquiere con la experiencia y que, por lo tanto, parecería más apropiado abordar en una sección posterior del libro. Sin embargo, en mis relaciones con tantas personas a lo largo de los años, muchas me han comentado que lo que más les impide vivir una vida con más significado es la falta de seguridad y confianza.

Mientras pensaba en cómo este obstáculo debilita a las personas, me vino a la cabeza la figura del estafador. Los hombres o mujeres que estafan tienen tanta seguridad y confianza en sus dotes como actores que intentan engañar a la gente para que les den dinero. Y con mucha frecuencia lo consiguen. Se valen de su falsa confianza para conseguir beneficios egoístas, no éticos y, a menudo, ilegales, en lugar de alcanzar las metas significativas que Dios nos plantea. ¿Cuánto más firme, entonces, debería ser nuestra confianza cuando perseguimos objetivos más dignos? ¿Acaso no deberíamos tener más confianza que el más consumado estafador? ¿Cómo se explica que la auténtica confianza sea un bien tan escaso?

Muchas personas me dicen que a menudo se imaginan viviendo vidas más auténticas, más gratificantes, pero que los pasos necesarios para llegar hasta allí son muy difíciles. O que no están seguras de cómo abordar algo que sólo pueden atisbar mentalmente. O temen que la vida significativa que se imaginan no es lo que Dios quiere para ellos.

Más allá de las particularidades de cada intento, muchas personas sienten que les falta lo necesario para arriesgar su seguridad y entregarse de todo corazón a lo que Dios les ha destinado. Por eso creo que para vivir nuestra vida con más significado, tenemos que encontrar la manera de reavivar el fuego de sueños que hemos dejado apagarse con los años. Quizá cuando éramos más jóvenes, nos era más fácil imaginar que alcanzaríamos grandes objetivos y sentir que seríamos personas exitosas. Sin embargo, a medida que las tareas de la vida cotidiana —las facturas por pagar, los hijos que hay que educar, las exigencias de nuestro trabajo y la responsabilidad de cuidar de nuestros seres queridos— nos desgasta, nos cuesta creer que el proceso importe tanto como la meta, que parece tan lejos de nuestro alcance.

¿Cómo podemos avanzar desde donde nos encontramos ahora hacia aquello para lo que hemos sido creados, hacia los sueños de lo mejor para nuestras vidas? Estoy convencido de que la confianza es una piedra angular y, por lo tanto, un buen punto de partida, en la creación de una vida con significado. La confianza es una piedra fundacional en diversos sentidos, sobre todo por cómo nos hace relacionarnos con Dios y con los demás, los dos vectores vitales de nuestra vida con significado.

La confianza y los sueños que la alimentan pueden ser el sustento de nuestra fe cuando nos sentimos rodeados de obstáculos. Y la confianza divina —a partir del conocimiento de Dios— nos recuerda que en nuestras vidas suceden más cosas de lo que se ve superficialmente. Dios tiene grandes planes para nosotros y quiere que seamos osados y encarnemos aquello para lo cual nos creó. Cuando la vida parece difícil y tenemos que luchar, la confianza en algo más grande que nosotros mismos nos ayuda a perseverar. De la misma manera, la gente que nos rodea y que constituye nuestra comunidad también moldea nuestra confianza al recordarnos quiénes somos y cómo trabajar unidos para alcanzar objetivos más grandes de lo que ninguno de nosotros podría lograr solo.

De hecho, este mensaje constituye el núcleo de este libro: Cuando aceptamos plenamente cómo nos creó Dios y somos fieles en nuestra comunidad a los propósitos que él tiene para nosotros, nuestras vidas se convierten en una fuente de realización. Las preguntas o reproches que tengamos sobre cómo vivir la vida de cada día desaparecen en cuanto vemos las diferencias eternas que establecemos. De modo que quizá no exista mejor punto de partida para nuestra búsqueda de una vida con significado que analizar cómo nuestros sueños y los sueños de otros nos alientan en nuestro camino hacia una vida con significado.

Soñar un pequeño sueño

En la cultura empresarial de nuestro siglo xxi, a menudo se nos estimula para que soñemos en grande. Pareciera que vivir el sueño americano implicara progresar con los propios medios, tener éxito gracias a las propias habilidades y luego disfrutar del bienestar recién hallado. En muchos sentidos, nuestro país se construyó con esta ética del trabajo, y es indispensable que las personas asuman la responsabilidad de lograr sus objetivos para hacerlos realidad. Sin embargo, me pregunto si al centrarnos únicamente en la realización de nuestros sueños personales, no nos estaremos perdiendo algo más importante. Como se verá, yo creo que los sueños que nos da Dios están hechos para ser compartidos y que su misión es llevar la gloria al reino de Dios y la abundancia a quienes nos rodean. Veremos que en las Escrituras esta verdad queda demostrada una y otra vez.

También he observado, por mi propia experiencia y en las vidas de otras personas, que los sueños deben comenzar por ser pequeños antes de que puedan “crecer” y convertirse en grandes sueños. De hecho, antes de que usted o yo podamos sentir la confianza suficiente para avanzar siguiendo la estela de nuestros sueños, primero tenemos que saber distinguir entre un verdadero sueño y una fantasía, entre un deseo y un capricho pasajero. Una cosa es desear jugar en la final de la Gran Liga, y otra es ver que ese deseo se transforma en una vocación y luego en un sueño hecho realidad y compartido por otros.

También tenemos que aprender a distinguir entre un sueño egoísta y un sueño que nos ha dado Dios. ¿Cómo sabemos cuándo nuestros sueños concuerdan con la voluntad del Padre? ¿Cómo distinguimos entre un sueño caprichoso y un sueño que tiene un significado eterno como punto de partida de nuestra acción?

Quizá un buen punto de partida para analizar este aspecto sea la iglesia cristiana en sus inicios y el sermón de Pedro en Pentecostés. En Hechos 2:17, Pedro cita el libro de Joel, del Antiguo Testamento:

Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños.

Antes de reflexionar sobre el significado de este mensaje, es importante recordar quién habla. Como se recordará, Pedro niega conocer a Jesús horas antes de su crucifixión. ¡Y ahora resulta que el mismo Pedro se encuentra predicando a otros seguidores de Cristo! Ese vuelco suyo sin duda nos recuerda que, aunque nos apartemos de los propósitos para los que Dios nos creó, nunca es demasiado tarde para volver a nuestros sueños. Es probable que Pedro haya tenido dudas acerca de su lugar en aquel grupo y que no estuviera seguro de si los demás estaban dispuestos a confiar en él. Sin embargo, en esta importante ocasión, cuando el Espíritu Santo desciende durante Pentecostés, Pedro habló seguro de sí mismo y condujo a la iglesia a una nueva era de trascendencia.


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